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miércoles, 1 de enero de 2020

Reflexiones sobre los mitos más frecuentes en ciencias de la salud.

Por sus orígenes, la palabra mito hace alusión a un relato transmitido por la tradición y que trata sobre acontecimientos maravillosos o prodigiosos, protagonizados por seres de carácter sobrenatural (dioses, héroes, monstruos). Estos relatos se centran generalmente en episodios tales como la creación del universo, la del propio hombre o grandes acontecimientos de la humanidad.

Sin embargo, esta palabra tiene una acepción en nuestro idioma (según la R.A.E.) que viene a decir que mito es una "persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen"


De todo este espectro de creencias o mitos, muy arraigadas en nuestro acervo cultural, nos dedicaremos a estudiar con rigor, sentido crítico y una buena dosis de escepticismo, aquellas que tienen alguna relación con la salud de todos nosotros (alimentación, enfermedades, tratamientos, prevención, etc). 

El mundo de los mitos médicos es amplio y complejo, en parte por la dificultad intrínseca del sujeto de estudio (el ser humano) y en parte por la enorme variabilidad de los elementos que le influyen a este (genéticos, ambientales, culturales, etc), además de enfrentarnos, en el caso de la medicina, a una ciencia de las llamadas blandas.  A pesar de todo lo anterior y, haciendo uso de esa cuarta acepción que la RAE le da a la palabra mito, veremos como se atribuyen cualidades o excelencias a determinadas circunstancias o elementos que no son tal cosa y que incluso las realidades al respecto son contrarias al "saber popular". 


Veremos por ejemplo, qué hay de cierto en afirmaciones tales como que el pelo crece más fuerte tras cortarlo, si las "agujetas" musculares tras el ejercicio mejoran consumiendo bebidas azucaradas, si el frío es el responsable de los catarros, si hay mayor número de partos en las noches de luna llena, si los enfermos mentales empeoran en los días de fuerte viento, si las espinacas contiene mucho hierro, si no se debe retirar el casco a un motorista accidentado,  si los productos light hacen perder peso y otros muchos tópicos que, ya les adelanto, son generalmente falsos


Además, enlazaremos con excelentes páginas Webs y Blogs amigos donde se habla de otros mitos y lugares comunes de plena actualidad, que cada día están tomando más fuerza y que pueden generar verdaderos problemas de salud en un futuro, como son el de las teorías negacionistas del SIDA o el cada vez más activo movimiento antivacunas. Trataremos además aspectos como la creciente quimi y tecnofobia desde la perspectiva de la salud, sobre todo en lo que se refiere a ondas electromagnéticas, productos químicos y organismos genéticamente modificados.

Vamos allá...

viernes, 7 de febrero de 2014

¿Que objeto debo meter entre los dientes si alguien convulsiona?

Quien tenga familiares y/o amigos cercanos epilépticos y haya presenciado alguna vez un episodio de convulsión sabrá lo dramático que puede llegar a ser para los que están alrededor.

A pesar de que Hipócrates de Cos ya entendiera que la epilepsia era una enfermedad natural cuyo origen estaba en el cerebro y que Thomas Willis en pleno renacimiento profundizara en esta teoría(1), no es hasta el siglo XIX, con la aparición de la neurología moderna como disciplina médica, cuando deja de creerse definitivamente en un origen demoníaco o sagrado de dicha enfermedad. La ciencia descarta hoy sin ambages cualquier sombra de duda sobre el origen natural de la enfermedad, aunque no son pocos los sitios del orbe donde se siguen encontrando casos de exorcismos o la intervención de magos y brujos para tratar a estos supuestos poseídos, a veces con resultados catastróficos.


Jesús "exorcizando" en la sinagoga de Cafarnaum, S. XI
Para empezar, hay que mencionar que existen muchos tipos de epilepsia y se manifiestan de maneras muy diferentes, muchas de las cuales no son convulsivas. Las crisis o ataques epilépticos pueden entonces ser muy variadas y van, en el caso de las motoras, desde pequeños movimientos en algún grupo muscular de localización muy concreta y sin que la persona sufra ninguna alteración en su estado de consciencia, hasta las llamadas crisis generalizadas tonico-clónicas (antes llamadas grand mal) que son las que todos solemos tener en mente cuando pensamos en convulsiones.

sábado, 25 de enero de 2014

¿Crecen el pelo y las uñas tras morir?

García Márquez, en una de sus más peculiares obras, toma una cita de Tomás de Aquino para dar entrada a su magnífica novela Del amor y otros demonios:

      "Parece que los cabellos han de resucitar mucho menos que las otras partes del cuerpo"
               De la integridad de los cuerpos resucitados, (cuestión 80, cap. 5)
Aunque dicha referencia parece extraída de Summa Theologiae, admito que no he sido capaz de localizar el texto en cuestión, aunque si he encontrado en esas páginas muchas e interesantes reflexiones sobre la resurrección y el papel que las uñas y el cabello jugarán en la misma.

En el prólogo, García Márquez, comenta el hecho periodístico (con toda probabilidad ficticio) que le permite posteriormente desarrollar su novela. En estas primeras páginas el autor es testigo de como se vacían las criptas funerarias del antiguo convento de Santa Clara de Cartagena de Indias, presenciando un hecho cuando menos asombroso, cuando se abre una de las criptas:

                              "... La lápida saltó en pedazos al primer golpe de la piocha, 
                               y una cabellera viva de un color de cobre intenso se  derramó 
                               fuera de la cripta. El maestro de obra quiso sacarla completa 
                               con la ayuda de sus obreros, y cuanto más tiraban de ella 
                               más larga y abundante parecía, hasta que salieron las últimas 
                               hebras todavía prendidas a un cráneo de niña.
                               En la hornacina no quedó nada más que unos huesecillos
                               menudos y dispersos, y en la lápida de cantería carcomida por el
                               salitre sólo era legible un nombre sin apellidos: Sierva María de
                               Todos los Ángeles. Extendida en el suelo, la cabellera espléndida
                               medía veintidós metros con once centímetros.

                                El maestro de obra me explicó sin asombro que el cabello
                                humano crecía un centímetro por mes hasta después de la
                                muerte, y veintidós metros le parecieron un buen promedio para
                                doscientos años. ..."

Pero, ¿qué hay de cierto en la creencia popular de que el cabello y las uñas siguen creciendo aún después del fallecimiento de la persona?. O mejor aún, ¿de donde proviene dicha creencia?.


Para empezar, el pelo y las uñas. hacen parte de las llamadas Faneras y son estructuras generadas por células epiteliales queratinizadas (contienen queratina, que es una proteína con estructura fibrosa), aunque la parte visible de las mismas no sea propiamente una célula. Son fundamentalmente microfibrillas de queratina rica en azufre y una matriz amorfa que recuerda a las células que una vez la sintetizó. Esto hace que pensemos en ellas como elementos "muertos" en cierto modo, pero como es obvio precisan de células (en el folículo piloso y en la matriz ungueal) para producir pelos y uñas respectivamente. El pelo crece a una velocidad de aproximadamente 1 cm al mes(1) y la uña lo hace a aproximadamente 0,1 mm por día(2). Naturalmente necesitan, como cualquier otra célula, un sustrato metabólico para funcionar. Sin este aporte estas células simplemente mueren.  

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